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El sector porcino reduce en un 38% sus emisiones de metano por gestión de estiércoles en los últimos 15 años

La crisis de la Covid-19 ha puesto de manifiesto que la ganadería no es el principal factor de contaminación ambiental. A pesar de ello, el sector porcino español sigue trabajando para apaliar sus efectos en el medio ambiente, sobretodo, reduciendo las emisiones de metano (CH4) procedentes de la gestión de estiércoles.

En los últimos 15 años (2005-2018), el sector porcino español ha reducido hasta un 38,6% sus emisiones de metano (CH4) por cada kilo de carne, según la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC).

Así pues, en el año 2015 las granjas emitían 1 kilotonelada de metano por cada 539 toneladas de carne producidos, mientras que en el año 2018 emite menos de 0,62 kilotoneladas con la misma cantidad de carne producida.

El organismo explica que esta importante reducción se debe a “una serie de medidas adoptadas a lo largo de estos años por las granjas españolas, como la aplicación de las Mejores Técnicas Disponibles (MTD)”.

Significativo también es el descenso del metano derivado de la fermentación entérica, que pasa de un factor de emisión en kilogramos de CH4 por cabaña al año de 1,22 en el año 2005 a 0,77 en el año 2018, lo que supone una reducción del 36,8%, según recoge el Inventario Nacional Gases de Efecto Invernadero, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

“Cumplimos con la normativa más exigente del mundo en cuanto a respeto del medio ambiente, que es la europea. Pero, no solo eso, nuestro país ha implementado un modelo de producción propio basado, entre otros aspectos, en la prevención y control integrados de la contaminación”, asegura Ricard Parés, director de PORCAT. 

Nuevas exigencias medio ambientales

En Catalunya, el sector porcino se enfrenta a unos años de adaptaciones y cambios con la progresiva introducción de nuevas exigencias medio ambientales para las explotaciones.

Hasta un total de 11 nuevas obligaciones deberán implementar las granjas en los próximos dos años, fruto de las normativas establecidas por el Departament d'Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació (DARP), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Unión Europea.

Durante este año 2020, las granjas han tenido que cumplir con 5 nuevas exigencias (el uso del GPS para la aplicación del purín, la prohibición de la aplicación del purín con abanico, el uso del conductímetro en la aplicación del purín, la detección de fugas en las balsas de purines y la Declaración Anual de Nitrógeno (DAN) y antes de que finalice el año, deberán haberse adaptado a dos nuevas obligaciones más (asesor de fertilización y código de buenas prácticas).

En 2021 será de obligado cumplimiento la aplicación de las mejores técnicas disponibles (MTD's) y la presentación del Balance de Nitrógeno de Granja (BNG). El 2022 será obligatoria la formación obligatoria de los trabajadores mediante cursos de una duración mínima de 20 horas.

PORCAT considera que el sector debe adaptarse a estas nuevas exigencias para reducir los efectos medio ambientales del sector, pero sin tener que perder la viabilidad. “No hay que olvidar que todas estas exigencias supondrán un incremento muy considerable de tareas administrativas, de gastos económicos y de aumento de burocracia, convirtiéndose en un impedimento, sobre todo para las granjas más pequeñas”, señala Parés.

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